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La rentabilidad sobre activos (ROA) es un ratio de rentabilidad que muestra cuánto beneficio logra exprimir una empresa de todo lo que posee. Expresa el beneficio neto como un porcentaje del total de activos de la empresa, así que responde a una pregunta sencilla: por cada euro invertido en el negocio, ¿cuántos céntimos de beneficio regresan? Como observa toda la base de activos y no solo el patrimonio, el ROA revela con qué eficiencia la dirección convierte edificios, máquinas, inventario y efectivo en ganancias. Un porcentaje más alto suele señalar una operación ágil y bien gestionada, mientras que una cifra baja o en descenso sugiere que los activos están inactivos o se aprovechan mal.
El ROA varía mucho según el sector, por lo que resulta más significativo cuando se compara una empresa con sus propios resultados pasados o con competidores directos, y no con firmas de sectores no relacionados. Los negocios con pocos activos, como las empresas de software, tienden a presentar cifras altas, mientras que los intensivos en capital, como fábricas, aerolíneas o bancos, registran naturalmente valores más bajos. Los inversores y analistas lo utilizan para calibrar la calidad de la gestión y detectar señales de alerta, mientras que los prestamistas se apoyan en él para juzgar si un deudor puede generar suficiente rendimiento para pagar su deuda. Observado a lo largo de varios años, se convierte en un claro boletín de notas de lo bien que una empresa pone a trabajar sus recursos.
ROA
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Triángulo mágico: tapa lo que calculas — el resto es la fórmula
Una empresa reporta un beneficio neto de 200.000 € y activos totales de 1.000.000 €.
ROA = 200.000 / 1.000.000 = 0,20 = 20%